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La conquista de la autonomía

La pregunta sobre ¿qué es la autonomía y cómo se construye en los niños y jóvenes? está en la preocupación actual de padres de familia y maestros, por lo que puede ser oportuno aportar algunos criterios sobre el tema.

El concepto de autonomía está relacionado a saber lo que hay que hacer y cómo hacerlo en diferentes momentos, es tener la confianza e iniciativa de asumir retos, ser responsable, resolver situaciones inciertas, sentirse competente.

La autonomía debe comprenderse como un proceso de construcción de habilidades y destrezas que dependen de la edad y nivel de madurez de nuestros niños y jóvenes, que se va conquistando gracias a todas las experiencias que se viven de manera sustancial en la cotidianidad del hogar y se complementa en la escuela, es decir en un ambiente físico y social enriquecido. Se va conquistando en las interrelaciones con los otros.

Promover la autonomía desde los primeros años de vida constituye un elemento primordial para el desarrollo del aprendizaje. Favorece en los niños su seguridad gracias a las oportunidades de elegir, de tomar decisiones, de organizar su tiempo, de medir sus posibilidades que les permiten reconocerse, asumir riesgos, actuar con decisión, valorar sus logros y aceptar sus errores.

Desde una etapa temprana, los niños van activando el conocimiento de la realidad de manera intuitiva, el cual se enriquece gracias a las posibilidades del ambiente en el hogar, que ofrece oportunidades de hacer cosas por sí mismo como comer, asearse, ordenar sus cosas, participar en responsabilidades, ser parte de la elección de actividades de disfrute y recreación.

Esta oportunidad se da a través de convocarlos poco a poco con retos que les permitan construir su “saber hacer”, ”saber proponer y resolver”; se les puede hacer simples preguntas que propicien la observación de una realidad como por ejemplo: “mira tus juguetes en el suelo, si ya no seguirás jugando, ¿qué es lo que tienes que hacer? Confiemos en que los niños como seres inteligentes que son, organizarán sus acciones, tomarán decisiones movidos por un ambiente enriquecido de posibilidades de independencia. Comprendamos que, al inicio de cualquier aprendizaje, es necesario que se tomen más tiempo, que se expongan varias veces a una misma rutina, que practiquen para que ésta se convierta en una capacidad permitiéndoles sentirse confiados, seguros y contentos de sus propios logros.

Los padres pueden supervisar que el trabajo o la responsabilidad estén cumplidos, pero no resolver por ellos; se trata que los niños lo realicen por sí mismos y así vivenciar su autonomía sin que eso signifique que si los plantean alguna duda no se les de pistas o herramientas para resolverla.

Los espacios colaborativos tanto en el hogar como en la escuela, aportan oportunidades de optimizar el cultivo de la autonomía dentro de una comunidad como es el análisis de situaciones, compartir estrategias, reflexionar sobre sus errores, tomar decisiones favoreciendo el espíritu de equipo, con lo que refuerzan la autoconfianza y construyen grupos sociales más energéticos.

Conforme crecen, sus experiencias se hacen más complejas; son capaces de percibir los eventos y las situaciones que son importantes para sus vidas. Si los padres y maestros generamos un buen ambiente con vínculos positivos, en el que confiamos en sus posibilidades, en donde hay responsabilidades y compromisos que cumplir, ellos tendrán mayor iniciativa para asumir sus retos, confrontar, plantear problemas y posibles soluciones, vivenciar las rutas más eficientes para el logro de sus objetivos y tener la motivación para una mejora continua.

Para un adolescente, la máxima expresión de la autonomía es la capacidad de gobierno de sí mismo, la autogestión y la realización de su proyecto personal de vida. Esto reafirma su personalidad y le permite construirse con confianza y seguridad en sí mismo.

Muchos educadores señalan que para favorecer la autonomía se debe tener en cuenta los siguientes factores:

Motivación: sentirse capaz de asumir sus retos, confianza en sí mismos
Ritmo de maduración: las tareas que el niño pueda realizar dependen de su nivel de madurez y experiencia.
Tiempo: promover en ellos el compromiso en la consecución de sus objetivos para determinar la posibilidad de sus logros.
Evitar hacer cosas por ellos: favorecer que experimenten sus propias estrategias.
Empatía: ser comunicativos y empáticos con interacciones positivas, reforzando sus logros
Ambiente seguro con oportunidades, límites y acuerdos: favorecer la seguridad para que el niño pueda actuar por sí mismo.
Francesco Tonucci, educador y defensor de la fuerza de la voz de los niños, en una de sus presentaciones expresa que en esta etapa de confinamiento social, se abre una gran oportunidad de aprovechar esta situación atípica en la cual la escuela se vive desde el hogar para que los niños y jóvenes refuercen su autonomía siendo protagonistas de las responsabilidades de la vida en el hogar, aprendiendo a entender cómo funcionan algunas cosas que antes ellos no conocían como lavar, planchar, reparar objetos caseros, preparando las comidas y tanto más.

Confiemos en ellos, en sus posibilidades y en los aprendizajes posibles en el hogar.

Finalmente, me quedo con estas dos frases inspiradoras:

La autonomía, en cuanto maduración del ser para sí, es proceso, es llegar a ser. No sucede en una fecha prevista. (Paulo Freire)

“Dime y olvidaré, enséñame y recordaré, involúcrame y aprenderé” (Benjamín Franklin)

Mae Morote Núñez

Coordinadora Atelier Psicopedagógico

Colegio Áleph

Referencias

+ Dreifuss D.,Velez Odette ( 2015) El poder de Educar. Lima. UPC

+ Blanco I. (2012). El Universo de la Inteligencia. México. Fotopress Editores

+https://webdelmaestrocmf.com/portal/francesco-tonucci-aprovechemos-esta-cuarentena-para-pensar-si-otra-escuela-es-posible/

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